Autocombustión en las empresas: ¿Te quedarás sin talento en 2025?
26 noviembre, 2019
El departamento de Recursos Humanos de las empresas está sufriendo un auténtico tsunami. El cambio de chip en los responsables de este área – que hoy conciben al trabajador como el principal recurso de la empresa y el que más valor puede aportar a la organización- ha favorecido la aparición de nuevas metodologías como el Lean Management. Si bien es cierto que este concepto no es nuevo- su origen se remonta a la década de los 50 del pasado siglo, con las innovadoras técnicas de producción que puso en marcha en su día Toyota y que le sirvieron para sortear la crisis-, también lo es que su aplicación dentro de los Recursos Humanos es relativamente reciente.
Inspirado por una continua búsqueda de mejora de la productividad de las entidades, aprovechando los recursos disponibles y eliminando deficiencias, el Lean Management basa sus principios en la evaluación constante a sabiendas de que “lo que no se mide no se puede mejorar”. En lo que se refiere a la gestión de personas, este pensamiento persigue detectar aquellos empleados o departamentos que necesitan refuerzo -formación, nuevas herramientas, o simplemente más información- e identificar a aquellos que destacan por su gran desempeño con el fin de potenciar su talento.
Este año el informe What Workers Want 2019, elaborado por la consultora Hays, ha puesto de relieve que el 84% de los trabajadores en España considera otros factores diferentes a la retribución a la hora de aceptar un puesto. Entre los trabajadores más jóvenes, la llamada generación Z, y que conformarán la mayor parte de la población activa en el medio y largo plazo, destaca la formación como principal factor, con un 66% de los encuestados.
Hoy sabemos que fomentar la motivación y el bienestar de los empleados de una organización repercute directamente en una mejora del entorno y en el incremento de la productividad. Y es que, nos hallamos ante un cambio de paradigma en la cultura empresarial, en el que la tradicional motivación extrínseca (jerarquizada y verticalizada) debe dejar paso a la motivación intrínseca, con la que se supera la clásica relación contractual de compra del tiempo de los trabajadores a cambio de salario y se percibe el trabajo no sólo como medio de vida, sino también como una forma en la que los empleados cumplen sus metas personales y logran un desarrollo personal enriquecedor y continuado.
El trabajo como fuente de felicidad
El 70% de los empleados españoles con contrato fijo no se siente feliz en su trabajo, según el informe Excelencia y valores. Claves para la sostenibilidad social y empresarial, elaborado por el Centro Trabajo y Familia del IESE publicado este año. Un ratio que, seguramente, con la incertidumbre política y con una crisis económica en ciernes, aumentará en el corto plazo. Y es que, aparte del entorno y de las circunstancias personales, el 89% de hombres y el 80% de mujeres con contrato fijo piensan que la gente enferma por estrés en su empresa. En este contexto, disfrutar de un buen ambiente laboral es imprescindible para para ser feliz en el trabajo.
Conseguirlo exige un giro de 180º grados en la gestión del personal de las organizaciones, un punto en el que el lean management puede ser de gran ayuda, ya que puede aplicarse de forma muy variada por ejemplo, para la formación de grupos y equipos de trabajo de alto rendimiento para la resolución de problemas; para hacer al trabajador partícipe de las decisiones de la empresa- el empleado siente que se le escucha y se le toma en cuenta en la toma de decisiones de la empresa-; para capitalizar y aprovechar los conocimientos y las habilidades de sus empleados, de forma que perciban que sus esfuerzos son recompensados- el talento sin compromiso, es inútil-, con el consiguiente efecto positivo sobre la motivación del trabajador; para conseguir trabajadores polivalentes es decir, capacitados y competentes para realizar cualquier tipo de trabajo y en cualquier proceso dentro de la organización; o para gestionar la capacidad de aprendizaje. Es importante recordar que la competencia más valorada en el 2025 será la adaptabilidad al cambio y la pasión por aprender en un entorno tecnológico cambiante en el mundo laboral ante la 4ª revolución industrial.
Esta nueva filosofía organizativa, que se inscribe dentro de los métodos empresariales de gestión ágil, es clave en un escenario, en el que ritmo de cambio es trepidante, y la lucha contra la gestión inadecuada del tiempo, fundamental para conseguir la tan ansiada productividad.
